La economía de las caricias


Hace unos años el terapeuta Claude Steiner nos planteó las diferencias que nos proporcionan nacer y crecer en un mundo con signos de reconocimiento, de buenas palabras, abrazos, en un estudio que venía a llamar la economía de las caricias. Daba a entender que para procurar nuestra existencia necesitábamos algo más que la comida y la bebida para la hidratación y la alimentación diaria.

El ostiao


Leo la noticia y me quedo perplejo: Un padre se olvida de su bebé en el coche y cuando regresa está muerto. Me quedo perplejo, y me cuesta mucho asimilar la información. Necesito indagar más, clicar en el enlace “leer mas” del artículo digital. Necesito leerlo para intentar comprender como puede un padre olvidarse de su hija en el coche, y marcharse a trabajar tranquilamente.

En realidad las salas de cine nunca morirán

En octubre de 2009, hace casi diez años, un montón de gente relacionada con empresas de internet, periodistas y especialistas en medios de comunicación, se reunieron con la entonces ministra de cultura González-Sinde para intentar demostrarle que una ley que quería acabar con las descargas ilegales, y que estaban apunto de aprobar, coartarían la libertad de expresión. 

Gnomos de biblioteca


Yo descubrí la magia de las bibliotecas mientras hacía la “escapatoria”, termino que venía a significar lo mismo que pellas, novillos o robona.  Ya había conocido la biblioteca que había en el colegio, y empezaba a despertar en mi la curiosidad por los libros, sobre todo por los de Alejandro Dumas y Julio Verne.  Pero no sabía nada sobre la magia que se respira en un santuario de libros como el que había en cada pueblo. Con miles de libros y mundos por descubrir.
Creo que nos saltamos la gimnasia y empalmamos con el recreo, y nos dimos una vuelta por el centro del pueblo, hasta que cayó un chaparrón.  Nos resguardamos de la lluvia en el gran portal de la biblioteca local y nos dio por entrar dentro. Recuerdo respirar silencio y respeto por los libros.  Y recuerdo,  tal y como me pasa con la primera película vista en el cine, cual fue el primer libro que me dio por mirar.  Era “Gnomos: Guía de los seres mágicos de España”, era finales de los noventa y no resultaba tan fácil disfrutar de una guía ilustrada como aquella. Al menos para mí y mi bolsillo.
En esta obra, el autor te acercaba, a través de bellas ilustraciones,  a los rincones escondidos de nuestros bosques, barrancos y cuevas donde supuestamente se encontraban todos estos personajes de leyenda, agazapados, esperando la luz el sol. Era mágico y recuerdo con especial cariño este libro, ese día, y esa aventura.
No fue la última expedición, ni la última vez que acaricié el lomo de aquel libro, que a día de hoy me arrepiento de no haber comprado.  En una de ellas mi padre me siguió y me llevó de vuelta a casa.  Y siempre se quedará en el anecdotario familiar aquel momento en el que le dijo a mi madre: “Me he encontrado a tu hijo mirando gnomos en la biblioteca”,  cosa que a día de hoy no deja de contar con mucha gracia.

Dos hermanos


Sucedió de verdad. Dos niños alemanes de unos ocho o nueve años han entrado en una tienda de regalos. Uno era rubio, llevaba algo de gomina en el pelo y una camiseta de un equipo de fútbol. El otro, negrito, con una gorra de color azul y una camiseta del mismo equipo. El rubito, que parecía el responsable del dinero, ha colocado un billete de veinte sobre el mostrador para que el dependiente le devolviera dos de diez. Una vez que el dependiente le ha cambiado el billete de veinte por dos de diez le ha dado uno a su hermano o primo y se ha quedado uno para él. He observado como los dos se ayudaban para elegir muñequitos de goma, coches y demás caprichos pasajeros, con los que he supuesto, pasarían la tarde jugando. Cuando le tocó pagar al negrito, le faltaban dos euros y se ha quedado bloqueado porque no sabía qué descartar. Su hermano no ha dudado ni un segundo en poner lo que faltaba sobre el mostrador. Y se han ido tan contentos de la tienda.
Cuando se han marchado no he podido evitar pensar que no habrá montaña, país, muro o Dios que separe a esos dos en el futuro. Y sobre todo he pensando en la distancia, cada vez más evidente, entre el mundo de los niños y los adultos.