El motivo por el que hago estas cosas


El otro día, mientras hablaba con Armando Cuesta, para variar, le intentaba explicar la motivación principal que me había llevado a apuntar diariamente cada una de las cosas que me estaban pasando. Y es que después de llevarme el chasco de la India, no había encontrado otra manera de soportar la soledad.

El día que conocí a mi amigo Armando Cuesta


No sé. Yo espero que los años pasen y cierren todas aquellas heridas que me he ido abriendo yo mismo. Que el viento, la humedad y el calor no abrasen mucho. Que el paso del tiempo deje huella, pero que esta huella pertenezca a un propósito decente, de esos que no cumplimos por ser demasiado cobardes. Y que de esta intención no quede la maldad, el sufrimiento y el dolor que sin saberlo también me he provocado. Que queden, si es posible, cosas bonitas.

Ella me hacía ser diferente


Aunque piense que me autoengaño, no puedo evitar creer que no hay dolor más grande que el que no se puede explicar con palabras. Y no hay silencio más incomodo que el que no se busca. Esto mismo es lo que le pretendía decir a ella aquella tarde en la que nos contamos tantas cosas y acabamos en terreno neutral.

El pequeño elefante de madera


El pequeño elefante de madera me miraba desde la mesita de noche. Yo tenía la sensación de haber establecido con él una relación extraña. Como si el controlara mi vida sin yo poder hacer nada para evitarlo. Y en el fondo comencé a pensar que la mayor parte de los desastres que había vivido en los últimos meses eran por culpa del elefante.