Ella me hacía ser diferente


Aunque piense que me autoengaño, no puedo evitar creer que no hay dolor más grande que el que no se puede explicar con palabras. Y no hay silencio más incomodo que el que no se busca. Esto mismo es lo que le pretendía decir a ella aquella tarde en la que nos contamos tantas cosas y acabamos en terreno neutral.

El pequeño elefante de madera















El pequeño elefante de madera me miraba desde la mesita de noche. Y yo tenía la sensación de haber establecido con él una relación extraña. Como si él controlara mi vida, y sin  poder hacer nada para evitarlo. Recapitulé y me di cuenta de que la mayor parte de los desastres que había vivido en los últimos meses eran por culpa de aquel horroroso elefante de madera.