Ella me hacía ser diferente


Aunque piense que me autoengaño, no puedo evitar creer que no hay dolor más grande que el que no se puede explicar con palabras. Y no hay silencio más incomodo que el que no se busca. Esto mismo es lo que le pretendía decir a ella aquella tarde en la que nos contamos tantas cosas y acabamos en terreno neutral.
Quizá ese silencio incomodo era el que sentía ella cuando yo me quedaba embobado mientras hablaba. No sabía el motivo exacto por el que lo hacía, y asomaba su inconformidad con el sistema, con mi sistema, a través de un gesto de incertidumbre, mientras se tocaba la oreja con sus dedos finos o miraba hacía otro lado haciendo como que no me hacía caso.
Eran aquellos pequeños gestos, que solamente me podía mostrar ella, los que me daban el toque de queda. La advertencia de que quizá me quedaría sin sexo. De que terminaría perdido en la isla de las cabezas cortadas, condenado hasta la médula, pero de su ansiado cuerpo. Intentando no sentirme culpable por saciar mi deseo.
Y también me sentía mal por no ver las señales de advertencia. Por no saber que escuchar aquella canción de “Paquita la del barrio” cuando ella no quería era un sacrilegio hacía su persona. Por no saber que tenía que dejar de comprarme los pantalones y las camisetas en carrefour aunque ella me lo quisiera impedir con todas sus fuerzas. Por no querer quedar para cenar con sus cuñadas hipócritas. Por no ver sus fotos, sus camisetas ajustadas y todas aquellas cosas que tanto apreciaba.
Ella me hacía ser diferente. Y me impedía evolucionar cómodamente dentro de mi pequeño habitáculo lleno de miserias. Lo peor es que era consciente de aquello y aceptaba esos momentos de silencio y me acomodaba un poco a la fuerza. Y ya era un no parar, una espiral de contradicciones y promesas fallidas.
Me daba la mano porque se había encariñado y no podría olvidarme en mucho tiempo. Quizá saber que no tendría que machacarme con los motivos por los que escuchaba flamenco del malo no era suficiente para abandonarme. Porque no hay peor abandono que el que se hace por factores que uno no puede controlar; por el desgaste que producen los malos hábitos como estos que he comentado antes. No sé, parece que permitirnos que estos factores externos modifiquen esa fina capa de barniz que nos hemos encargado de aplicar con parsimonia, con el pasar de las relaciones y las emociones ajenas.
Muchas veces he pensado que lo peor llegaba en los momentos decisivos, cuando me daba cuenta de el castillo de incertidumbre que habíamos construido. Y establecer unas pautas para la cordura en la relación ya no serviría para nada, aunque yo quisiera cambiar por ella. Aunque quisiera aceptar ser diferente y dejar de lado mi alma para complacerla.
Al final yo me di cuenta de que todo ese esfuerzo extra, que ya no tenía nada que ver con seguir siendo un ser humano, no serviría para nada. Y fui yo el que dejó de lado la esperanza y las ganas de cordura. Me fui con mi ropa mala, mis cds comprados en supermercados, en góndolas con carteles de ofertas, con mi pasta de dientes de marca blanca y lo poco de dignidad que me había permitido la vida.
Ya no acariciaría su pelo al amanecer, ni discutiríamos simplemente por putearnos el uno al otro. Todo ese cúmulo de contradicciones se habían convertido en la nada absoluta.
No sé. A veces los factores externos esos que he comentado antes fuerzan el silencio, la nada y la separación.
Qué triste es quedarte solo cuando realmente no lo quieres.

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6 comentarios:

  1. He disfrutado mucho de este relato. Sencillamente, HERMOSO.
    Cuanta identificacion en esa ultima frase: Qué triste es quedarte solo cuando realmente no lo quieres. Gracias, es muy util tu blog, pues los agiles tiempos en que vivimos necesitan que el fuego conquistado no se extinga.

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    1. Muchas gracias. La verdad es que no sé como mostrar toda la gratitud que me provoca este comentario. Solo espero no decepcionar en los próximos.

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  2. Gracias, por tus hermosas palabras de agradecimiento.
    Claro que no decepcionaras, pues Dios te ha dado el don de la palabra, de la escritura. Nuestro mundo esta tan necesitado de ternura, poesia, que encontrar personas ocmo tu es sencillamente sublime. Afectos. Gracias por estar.

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  3. Bonito relato, pero a veces, solo a veces.....es mejor estar solo que mal acompañado, aunque no lo quieras!!

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  4. Eres un relator excelente de vida, las contradicciones y las ideas no concatenadas son la esencia de un alma herida, recuperada y dispuesta a seguir.

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