Tu poesía es muy mala pero eres un buen amigo


La noche que conocí a Leo estaba en un chiringuito tomando unas cervezas. No descubrí que se llamaba Leocadia hasta unos días después. Nos habíamos sentado en aquel mismo chiringuito a tomar café y después cerveza y pipas. Las pipas las comprábamos allí mismo y tirábamos las cascaras en una pequeña bolsa que nos traía el camarero. Una de las veces que quedamos, Leocadia apoyó los pies en la silla que tenía enfrente. Me di cuenta de que tenía las uñas de los pies moradas y le di un sorbo a mi cerveza. Y así hice con cada detalle que ella me dejaba descubrir. Entre detalle y detalle la cerveza se acabó y mi monedero quedó vacío. El primer día que hicimos eso le confesé medio borracho que necesitaba quedar más con ella. Y ella me dijo que solo quería ser mi amiga porque no sabía muy bien si sentía algo por mi.