Yo bailé con tu madre




El problema de no medir las palabras es que tampoco puedes imaginar el efecto que tendrán. Esto que parece que es una tontería suele pasar mucho, muy a menudo. 
Y puede pasar que hace tiempo que no ves a gente con la que años atrás habías vivido cosas, y con vivir me refiero a compartir experiencias o futuros recuerdos. No sé, al final esa gente se queda en tu piel. Y aunque quieras no se van nunca. Un día estás en la puerta del trabajo fumando un cigarro, mirando todas esas mierdas que tenemos en el móvil y te viene a la mente esa persona, o aquella otra que te hizo alguna putada. 
O aquella mujer con la que no mediste las palabras, con la que bailaste una vez, a la que quisiste comprar con un halago. Recuerdas su perfume, su sonrisa, su cara cuando quisiste chantajearla de una manera tan canalla, tan miserable. Y con el paso del tiempo aprendes a tratar a la gente porque te arrepientes de esos recuerdos. Me gustaría decir que te vuelves maduro, pero no puedo. Porque en realidad creo que te vuelves viejo y te acomodas. 
Y aquel día en el que celebramos el cumpleaños de Armando Cuesta había allí mucha gente que se había quedado años atrás en mi memoria. Pero eran como fantasmas, porque no conseguí meterme en sus pieles o interesarme por nada de lo que me contaban. 
Salí de la casa en la que estábamos celebrando la fiesta con un botellín de cerveza en la mano. Había un montón de niños jugando con bicicletas y pelotas. Todos corrían de un lado a otro. Todos esos niños eran de los fantasmas. Pero ellos parecían vivos, porque reían y corrían como pequeños enanos, y sobre todo porque todavía no tenían una hipoteca. Me sorprendió ver tanta vida. La luz del día iluminaba sus caras y a mi me llamó la atención eso también. 
Encendí un cigarro. Se acercó un niño rubio con los ojos claros. Era el hijo de una de las invitadas. Yo no recordaba su nombre pero si sabía de que la conocía. Había bailado con ella en una ocasión, hacía un montón de años. Me produjo una extraña sensación el mirarla de otra manera. Vaya, si que había bailado con ella con oscuras intenciones. Y ahora tenía un marido y un niño rubio. Recordé que había querido hacerle el amor el día que bailamos. Y me di cuenta de que yo ya no pegaba allí. Que no formaba parte del paisaje. 
El niño me miró y le dije: “Yo bailé una vez con tu madre”. Y tiré el cigarro recién encendido al suelo, dejé el botellín de cerveza junto a una farola que había encima de la acera y me marché. 
Me sentí como si le hubiera dicho a la cara que en realidad podría haber sido mi hijo. 
Levanté el cuello de mi cazadora y anduve encorvado durante un rato. Me molestaban las envestidas de una insoportable corriente de viento. Y pensé que no había hecho gran cosa con mi vida porque a veces creo que estamos aquí para buscar una mujer y tener hijos. Aquel niño podría haber sido mío y yo no habría sido un gran padre. 
En cierto modo yo no era gran cosa. En cierto modo, el niño había tenido suerte.

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26 comentarios:

  1. Genial! Corto pero suculento.
    Tienes la capacidad de meternos en tus relatos. De hacernos sentir lo que escribes. Y nosotros no podemos hacer otra cosa que dejarnos llevar y sentir contigo.
    En realidad es como si fuéramos tus personajes porque, de alguna forma, hemos vivido lo mismo. Eso sí, tú pones en nuestras bocas palabras más bonitas.
    Felicidades y gracias por escribir nuestras vidas.
    Nos vemos en el siguiente relato.

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    1. A veces la vida nos ofrece según que sorpresas. Aspirinas para superar la incertidumbre. Y yo creo que este es uno de esos comentarios que te alivian y te dan más fuerzas.
      Muchas gracias de corazón.
      Te mando un fuerte abrazo!

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  2. Me has intrigado, leeré más relatos tuyos.

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  3. Un gran relato con una gran perspectiva.
    Sabes hilvanar de una manera clara aquello
    que no conocemos de nosotros pero que, está ahí
    sigue ahí y de algún modo nos retratas.

    Un placer para el lector descubrir
    ese reflejo en nuestros recuerdos.

    Enhorabuena!!!

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    1. Muchas gracias. Me encanta este comentario. Solo puedo mandarte un fuerte abrazo como respuesta! Saludos!

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  5. Me recuerdas un poco a Paul Auster, un relato maravilloso, noraboa!!

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  6. Me gusta tu estilo... Voy a estar muy pendiente.

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  7. Muy bueno, me recuerda esa idea del hilo invisible que une a los que están destinados a encontrarse.

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  8. "Me gustaría decir que te vuelves maduro, pero no puedo. Porque en realidad creo que te vuelves viejo y te acomodas. " Impecable definición! ya me tenes entre tus lectores Daniel!

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    1. Que bueno. Este tipo de comentario son los que le dan a uno mucha fuerza para seguir publicando. Un saludo!

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  9. Qué prosa, qué profundo. Una breve historia contada desde el corazón.
    Sí, seguramente me pasee por aquí para seguir leyéndote.
    Qué sentido ha sido el momento del niño. A mí a veces me ha pasado esas cosas, que he ido hilando sucesos que pudieron ser y no fueron. Fue un momento breve del relato, pero intenso.

    ¡Saludos!

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  10. Si que nos suele pasar a todos.Que alegría, muchas gracias. Espero no decepcionar en el futuro. Que tengas un buen día.

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  11. Bueno... ¡Menuda sorpresa descubrirte! Si digo que me ha encantado quizás me quede corta. Has hecho que me introduzca de lleno en la historia y que me sienta identificada con ella porque, alguna vez, yo también bailé con el padre de una niña que por supuesto no es mía.
    Te añado a mis favoritos y sigo muy atenta a tus letras.
    Gracias, de corazón.

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    1. La verdad es que pasan los años y uno busca lectores y gente a la que emocionar. Porque te sientes bien y sabes que eres más persona haciendo eso. Y cuando la gente te responde como lo has hecho tú comienzas a sentir que no eres capaz de agradecer lo suficiente. Porque lo has dado todo en el relato o lo que sea. Es una sensación extraña pero al mismo tiempo muy pacifica.
      Que rollo ¿no? Por eso te digo gracias de corazón también.

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    2. Qué bellas son tus palabras... Me alegro que las mías te hayan hecho sentir bien. Estaré atenta para seguir haciéndote sentir así, es lo mínimo después de que tú hagas que yo me transporte a un lugar y a una situación creado por ti, y me hagas vivirlo. Un besazo.

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  12. Demasiado bueno para no sentirlo, para no transportarse y por lo que dura la lectura no vivirlo... encantada con tus letras!!!
    Sin lugar a dudas eres de los que atrapan y envician de una manera magica la mente. Te felicito!!!

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    1. Esto es que es de las cosas más bonitas que me han dicho últimamente. Y además son como pildoras que me dan energía para publicar con muchas más ganas. Espero no provocar decepciones futuras. Un abrazo!

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  13. Este es de mis preferidos, es de los que logra que aparezca una sonrisa en mi rostro, gracias Daniel!!

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    1. Muchas gracias! Me encuentro ultimando detalles para publicar uno nuevo. Un abrazo!

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