Lo que queda


Nos sentamos a escribir una carta. Estábamos en mi piso, en el centro de Prescidia. Y habíamos hablado sobre las cosas que él había vivido con ella y sobre lo mal que le había ido todo desde que lo habían dejado. Su vida había dejado de tener sentido porque el tiempo que había pasado con ella le había dado sentido a su vida.

La cama y la razón


La cama había sido para ellos un santuario. El lugar en el que habían ocurrido historias imposibles de olvidar. A Bruno ese pensamiento le derretía por dentro y la primera noche que intentó dormir solo no paraba de repasar las últimas conversaciones que había tenido con ella antes de dormir. Parecía que la india se había olvidado de aquello y en cierto modo le consolaba ese despiste. Sin duda la cama era una de las cosas que más apreciaba de las que había compartido con la India. 
Pero aquella noche no podía dormir. Sentía que la cama le engullía. Su pulso estaba demasiado acelerado y cada uno de los recuerdos que había compartido con ella allí mismo le habían invadido de una manera extenuante. Y estaba cansado de estar cansado. Estaba cansado de tener que esperar a repasar cada una de las cosas que sentía que había hecho mal.