Yo quiero tener un libro especial



Le dijo que llevaba una cosa dentro que tenía que soltar. Y su amigo le dio un sorbo a la taza de café mientras le miraba extrañado. Lo cierto es que aquella manera de hablar no podía entenderla nadie. Y es que a él le ponía nervioso que le preguntaran el por qué. El motivo autentico por el que había renunciado a su vida. A una vida normal en la que no tuviera que acostarse tarde. Una vida quizá más social, más amena. Porque después de todo la vida tenía que ser divertida. Y no un tostón. El por qué de vivir así por capricho. Porque lo cierto es que vida había nada más que una para hacer algo útil. Y todo aquel esfuerzo que había empleado en su libro, en sus cosas que nadie leía, no lo había visto nadie. Y la gente más cercana se había visto invadida por una extraña intriga. No sabían que hacía con su tiempo de vida. En realidad si lo sabían, lo perdía en cosas que no le importaban a nadie. 
En todo esto pensó después de que respondiera a su amigo. Después del sorbo extraño. Porque lo cierto es que aunque no le entendieran, él tampoco entendía a nadie. Habían pasado tantos años desde que había decidido renunciar a una vida creada, que ya no comprendía muy bien que hacía creando vidas. Y la magia se estaba perdiendo, porque lo cierto es que la búsqueda del sistema exacto que le permitiera sacar aquella cosa que llevaba dentro estaba fallando. Le gustaba explicarlo así porque realmente era algo que llevaba dentro, muy dentro de él.
Y el germen de plasmar aquellas historias en el papel no había nacido de la necesidad de inventarse una historia y contarla simplemente. Había nacido de una imagen que se había creado cuando había leído El conde de Montecristo. Aquella historia que, cuando era pequeño, más o menos le había enseñado cosas sobre el hombre que difícilmente podía entender, y había contribuido a potenciar la cosa. La soledad de Robinson Crusoe, en aquella cama de noche, evitando mirar el reloj para no pensar que dormiría poco y se quedaría dormido en el pupitre. Pobre Robinson, se decía. Y se estremecía mientras el silencio de aquella noche le daba la razón. Después vinieron más aventuras. Experiencias que él nunca viviría. Y paisajes que nunca llegaría a conocer. Y no pensaba de aquella manera en un sentido pesimista. Porque lo que le mostraba un libro no tenía fronteras. Porque realmente no podría visitar nunca sitios como Macondo. Y no sabía como explicarlo. La magia del cine le había embaucado también y los libros eran otra cosa. Los libros le habían enseñado cuando nadie creía en él. Los libros le habían acompañado y le habían presentado amigos. 
Pensaba que existían varías etapas en la vida de un lector. Que no se leía igual a una edad temprana. Que el lector que se iniciaba tarde también pasaría por esas edades. Y también pensaba que aquello que alimentaba algún día tendría que dejarlo escapar. De aquellas aventuras y aquella necesidad surgió la idea de hacer un libro especial. De crear algo especial y único. Y así fue como se sentó a vivir desde dentro. A iniciar un aprendizaje que le llevaría años, quizá décadas. A iniciar también la búsqueda de maestros, alquimistas de las palabras que habían aprendido a domesticar la cosa que llevaban dentro. 
De noche, después de pensar en todo aquello, después de haber pasado la tarde con su amigo y haber evitado las preguntas que le molestaban sobre lo que hacía, se acostó en la cama y miró al techo. Y proyectó las imágenes y escenas de todas aquellas aventuras, diálogos o personajes que le habían transportado. Y se dijo a sí mismo que no era especial y no tenía por qué serlo. Pero él quería crear un libro especial para tenerlo siempre. Para dejárselo a alguien como él. Tenía la esperanza de que habría más gente que disfrutaría en la soledad de la noche, en algún rincón una tarde de domingo, durante un día lluvioso, después de una pérdida, en la playa, en verano, en el campo o con una buena taza de café en la mano. Había recuperado esperanzas. Y en esta montaña rusa de emociones pensó que viviría el resto de su vida. De hecho, ya lo había aceptado de buena gana.

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6 comentarios:

  1. Magnifico!!!
    Cada libro lleva impregnada el alma del su autor y la de cada uno de sus lectores.
    Me encantó! Gracias por alimentar mi alma con tus relatos!!!

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    1. Gracias a ti por comentar. Esto sería como una isla desierta sin este primer comentario. Un abrazo!

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  2. Este relato me ha encantado, no solo por el hecho de que me he sentido identificada, sino también porque está escrito de una forma preciosa y te cala en lo más hondo. De todo, me quedo con estas partes:
    "Porque lo cierto es que aunque no le entendieran, él tampoco entendía a nadie. Habían pasado tantos años desde que había decidido renunciar a una vida creada, que ya no comprendía muy bien que hacía creando vidas."
    "Y se estremecía mientras el silencio de aquella noche le daba la razón. Después vinieron más aventuras. Experiencias que él nunca viviría. Y paisajes que nunca llegaría a conocer. Y no pensaba de aquella manera en un sentido pesimista. Porque lo que le mostraba un libro no tenía fronteras.[ ] Y no sabía como explicarlo. La magia del cine le había embaucado también y los libros eran otra cosa. Los libros le habían enseñado cuando nadie creía en él. Los libros le habían acompañado y le habían presentado amigos. "

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    1. Muchas gracias Miriam. Ha sido una agradable sorpresa recibir un comentario como este en esta tarde de Domingo. Mil gracias por el comentario y te mando un fuerte abrazo. Que los libros te acompañen siempre.

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  3. Es maravillosa la manera en como te expresas y lo mas Hermoso es que logras sin saber, que las personas se sientan Identificada o quizás si lo hagas consciente pero es Realmente Hermoso.
    Bendiciones

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