Cada viernes


Cada viernes hago una ruta en coche que me obliga a circular por un tramo de carretera muy tranquilo. Suele ser a las tres y media, una hora a la que la gente se sitúa en el ecuador de una larga jornada. O una jornada corta que le lleve a tomar un fin de semana temprano. Para mí es un paréntesis y me he acostumbrado a relajarme cuando circulo por ese tramo de carretera. Me ofrece un paisaje muy peculiar. Porque cruza un bosque de pinos y eucaliptos. A veces, cuando hace viento, miro como un coche de los de enfrente se balancea un poco. Y me sorprendo cuando el viento me balancea a mi, como si el viento pudiera elegir a quien quiere empujar. Por supuesto son cosas que pasan con ráfagas de viento muy fuertes. Cada viernes es igual que el anterior y diferente al mismo tiempo. Siempre hay un detalle extra que no cambia la tranquilidad de ese tramo, algún coche más, algún coche de menos. El espacio cambia poco y somos nosotros los que nos movemos en una dirección determinada. Pero cada viernes es diferente en realidad, en el tiempo. Y cuando pienso en el tiempo recuerdo que estos viernes se parecen al paréntesis que vivía después del colegio. Siempre llegaba con ganas de adelantar tareas y estaba lo suficientemente cansado de la semana como para no cumplir la promesa. Cada viernes se parece a ese viernes que se encuentra solo en mi memoria, pero soy adulto y estos días no parecen nuevos. Cuando se es chico todo parece nuevo. Cada viernes a la misma hora recuerdo las horas que faltan para la merienda, como si estuviera en ese viernes de época de colegio. Solo que ahora no me hace tanta ilusión. El viernes se va rodeando de mitología por la sencilla razón de que lo esperamos. Es un día valioso porque representa el principio del fin de semana. Igual de valioso que las últimas horas del domingo, que parecen más tristes y deprimentes. Siempre depende de como afrontemos el comienzo de la semana. Pero el viernes significa pasar de una semana de cinco días laborables a un fin de semana. El termino “fin de semana” nos lleva al final de un ciclo, en el que podemos hacer las representaciones que queramos. Yo cada viernes a la misma hora pienso en estas cosas. Pero al final no puedo evitar quedarme con lo asombroso del paisaje de arboles que me rodea mientras circulo por ese tramo de carretera. Se alzan y pelean entre ellos cuando hace viento. Y me imagino siendo un árbol, que busca la luz a toda costa y no tiene noción del tiempo. Que crece fuerte, con unas raíces que son más importantes que cualquier representación que hagamos del viernes, o de cualquier otro día. La naturaleza en estado puro es algo de lo que inevitablemente estamos dispuestos a escapar. Que ironía que sea un trozo de carretera lo que me salve de eso.






Suscribete a mi lista de correos

* indicates required

10 comentarios:

  1. Como dicen: "disfrutar del trayecto mas que del destino", que bello Daniel de esos momentos mágicos que te hacen inspirar en tan hermosas palabras.
    Gracias por compartir siempre :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti por dedicarme unos minutos y encima comentar el relato. Es una alegría tenerte por aquí. TE mando un fuerte abrazo.

      Eliminar
  2. Sublime texto que inundan tus semanas de esencia. Una pestaña de un mundo a veces caminado y otras por caminar.
    Ha sido un miércoles de mi semana donde tu bosque, es un poco del lector y en este caso mío.
    Un placer.
    Lola.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estoy contento por poder partir ese momento. Y también estoy contento porque cada vez me parece menos que lanzo mensajes en botellas. Un abrazo.

      Eliminar
    2. Conducir tranquilamente disfrutando de la naturaleza, recordar la infancia correr y jugar entre los árboles beberte el sol y acariciar el aire esa sensación de pan con chocolate. Me ha gustado

      Eliminar
    3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

      Eliminar
    4. Muchas gracias por dedicar un tiempo a esto que he escrito. Y muchas gracias por comentar. Saludos!

      Eliminar
  3. Es curioso Daniel, también mis paisajes son diferentes justo los viernes, a esa hora. Por motivos de trabajo, sólo ese día almuerzo en casa y solo ese día disfruto de esa ruta en ese determinado horario. Pero mis paisajes van cambiando según la estación. Encuentras campos de girasoles en primavera, altos trigales en verano, olivos cargados de aceitunas (esperando el verdeo), justo en esta época, precisamente el inicio del otoño, o la tierra en barbecho durante el invierno, a la espera. Recuperándose.
    Y conduces tranquila, una música suave. Ya sin prisas, con destino claro y anunciando el relax. El fin de semana ansiado y esperado.
    Un placer para los sentidos leerte, y compartir experiencias similares. ¿O es nuestra forma de percibirlo?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por compartir tu experiencia. Será que tenemos maneras parecidas de percibir también. :-)

      Eliminar
  4. Preciosa entrada, me encanta tu paso por la naturaleza, me hace recordar las rutas que hacíamos la familia los veranos, recorriendo España, que tiempos...

    ResponderEliminar