Cuando la primavera


A él siempre le había sentado muy mal la primavera. Desde hacía un tiempo los dos permanecían sentados en aquel piso recóndito, sin luz. Ya no se daban la mano y apenas compartían sonrisas. Y él estornudaba cuando se acercaba la época en la que los pájaros cantaban. Ella le decía que en realidad tenía alergia a la primavera. Sonreía cuando decía esto y él respondía con gestos de desprecio.