Uno de esos rituales personales




Hay acontecimientos especiales. Pequeños placeres que convertimos en festivales, que realizamos una vez al año. Como si fueran rituales de un dogma particular. Eventos que tenemos que cumplir pase lo que pase. No sé vosotros, pero a mi se me ocurren unos cuantos rituales personales.
Por supuesto, no estoy hablando del sacrificio de animales ni de otra macabra costumbre ancestral. Tan solo quería comentarte que hay cosas que suponen un momento único. Y a mi me pasa con el primer helado del año.

Yo venía buscando lectores y encontré amigos

Esta frase podría definir perfectamente mi experiencia en facebook durante los últimos meses. Cuando me preguntan por privado el motivo de la solicitud de amistad, suelo decir medio en broma que “soy un escritor que busca lectores desesperadamente”. Cuido este perfil como si fuera mi propia vida. Intento no ensuciarlo con negatividad y queja, deporte nacional hoy en día. Intento buscar en este mundo de apariencia y mensajes vacuos, algo de belleza. Y he llegado a la conclusión de que todo ha ido a mejor. Cuando miro estado pasados de facebook y reviso comentarios, me doy cuenta de que había venido a buscar lectores y me he encontrado con amigos. Que ironía.
Esto lo hablaba también con Eva Gallegos M, gran persona a la que he conocido a través de este medio. Le encanta la fotografía y tiene afición a eso de captar momentos únicos para guardarlos con cariño. Mientras hablaba con ella sobre la vida, los momentos que nos hacen estar vivos y todas esas cosas que podemos encontrarnos un día cualquier , mientras salimos a caminar, me enseñaba una fotografía que había hecho durante un paseo. Y se me ocurrió escribir algo sobre eso porque reflejaba más o menos el viaje que hemos emprendido todos a través de este perfil estrictamente literario.

Hotel Aquarela





Hay un lugar en el que parece que no existe el tiempo, el sol no abrasa y el atardecer, como un espejo, refleja nuestros ansiados sueños. Hay viajeros que regresan a ese lugar, caras conocidas que se han enamorado inevitablemente de ese pequeño trozo de paraíso. No es especial, tan solo un hotel que algún enamorado de las puestas de sol construyó en la playa. Y sirve de puente entre una interminable extensión de duna y la arena fina. Dicen que se obsesionó con un pequeño paraíso al otro lado del charco. Y que por amor quiso trasladar ese pequeño paraíso a su tierra natal.

Volver a empezar




Cada cierto tiempo, siento que vuelvo a empezar. No sé muy bien como describir este estado, me he acostumbrado demasiado la lucha diaria con el destino, y la vida. Lo he sentido un par de veces en este último año, y no está mal.