Hotel Aquarela





Hay un lugar en el que parece que no existe el tiempo, el sol no abrasa y el atardecer, como un espejo, refleja nuestros ansiados sueños. Hay viajeros que regresan a ese lugar, caras conocidas que se han enamorado inevitablemente de ese pequeño trozo de paraíso. No es especial, tan solo un hotel que algún enamorado de las puestas de sol construyó en la playa. Y sirve de puente entre una interminable extensión de duna y la arena fina. Dicen que se obsesionó con un pequeño paraíso al otro lado del charco. Y que por amor quiso trasladar ese pequeño paraíso a su tierra natal.
El hotel Aquarela está regentado por un hombre muy grande y descalzo, que no se pone zapatos ni durante el templado invierno de Prescidia. Si le preguntas el motivo por el que siempre anda descalzo, te responderá con una sonrisa amable. Te contará que es inevitable, porque de pequeño siempre le han dolido los pies. Los amigos cercanos saben que le gusta sentir la arena fina entre los dedos. Y que en realidad, pasaría una vida entera sumergiendo los pies en la arena fangosa de la orilla.
Me gusta pasar largas temporadas en ese hotel. Y quería comentarte que tengo vía libre para invitarte siempre que quiera. A su primer dueño se le ocurrió la genial idea de construir un gran porche en la entrada. Me encanta sentarme a escribir al caer la tarde. Eso lo puedo hacer solo durante los meses de verano. Porque aunque el invierno en Prescidia es templado, es mejor acomodarse en uno de los sillones del gran salón. 
Ojalá pudiera escribir en aquel porche con una vieja Olivetti. Sería genial escuchar como se mezcla el sonido de las viejas teclas con el rumor de las olas. Pero el mini portátil y el bañador como uniforme no están mal. El hombre descalzo dice que soy un gran autor, y siempre quiere saber cual será mi siguiente historia. A veces le leo algo voz alta después el cierre de la recepción. Él sale a última hora, saca un pequeño puro de una cajetilla metálica y se siente a fumar en alguna hamaca del porche. Si supiera que él podría ser uno de los protagonistas de mi siguiente relato estoy seguro de que no volvería a cobrarme ni una copa más del mini bar.
Como echo de menos los atardeceres del hotel Aquarela.


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2 comentarios:

  1. Me encantaría poder ir ahi para ver si entre el olor del mar y un largo paseo por la orilla acompañada de ese señor recupero las ganas de vivir

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    1. Gracias por el comentario y por dedicar tu tiempo a leer sobre este maravilloso lugar. Te deseo mucha fuerza y mucho animo. Un abrazo fuerte!

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