Uno de esos rituales personales




Hay acontecimientos especiales. Pequeños placeres que convertimos en festivales, que realizamos una vez al año. Como si fueran rituales de un dogma particular. Eventos que tenemos que cumplir pase lo que pase. No sé vosotros, pero a mi se me ocurren unos cuantos rituales personales.
Por supuesto, no estoy hablando del sacrificio de animales ni de otra macabra costumbre ancestral. Tan solo quería comentarte que hay cosas que suponen un momento único. Y a mi me pasa con el primer helado del año.
Hoy en día comer un helado es algo que se puede hacer en cualquier momento del año. En el super hay tarrinas de helados en la sección de congelados. Puedes comer helado en navidad si quieres. Pero no todas las heladerías abren durante todo el año. Y algunas heladerías conservan en sus recetas un sabor único. Y esto, unido al hecho de que tienen una fecha determinada de apertura, hace que podamos llegar a tener fijación por un helado concreto de un establecimiento concreto. Yo no he llegado al punto de hacer cola durante las aperturas, pero respeto el nivel de creencia de cada uno en ese sentido.
Mi dentadura no es sensible. Y puedo llegar a morder un helado. Creo que es algo genético, porque mi padre también es de morder helados. Hay gente que suele pedir una tarrina pequeña en la heladería, porque no suelen comer cucuruchos. Pero pienso que no hay nada como morder un cucurucho mientras se derrite la bola de helado. Nos sumergimos en una carrera intensa, que solo terminamos cuando absorbemos la punta del cucurucho. Lo mejor es comerse ese trozo que queda de un bocado y sentir como cruje la galleta. No sé si me explico, pero cada cosa tiene su orden, tal y como pasa en el universo. Mi preferido últimamente es el helado de tocino de cielo con yogur. Soy consciente de que lo mejor de ir acompañado a una heladería es la posibilidad de probar diferentes sabores. Y así lo hago siempre que puedo.
Y elegir un sabor. Sentarse en una terraza a mirar a cada una de las personas que están concentradas en esta entrañable labor. Como si no pensaran en sus problemas. Como si comer una helado nos fuera a salvar la vida de verdad. Y pensar en sus vidas, tomar apuntes sobre sus historias, anécdotas y gestos (cosas de escritores). Las terrazas de las heladerías son un punto de unión para personas opuestas. Eso es así desde que existen. Los padres comen helados con sus hijos. Y hay novios que se quieren y comparten el helado. El ambiente en una heladería es inevitablemente familiar. Y eso es un plus.
Y bueno. Ese es mi ritual personal. Espero que abran las heladerías para comerme el primer helado en una terraza. Así veo la vida pasar, con tranquilidad, esperando lo inevitable. Haciéndome a ella, como si fuera parte del tiempo. Como si el tiempo no existiera en realidad. Como si comerse un simple helado pudiera llegar a ser el contenido principal de un haiku.


Suscribete a mi lista de correos

* indicates required

3 comentarios:

  1. Ahhhhhh me hiciste recordar bellos momentos de mi niñez en la forma como comentas el simple hecho de comer un simple helado....

    ResponderEliminar