Mientras esperaba


Se sentó frente a la ventana. Sujetaba una taza de café con su mano derecha y aguantaba las ganas de fumar. Fuera llovía. El agua en el cristal de la ventana había interrumpido una semana de calor. Y había llegado en un momento en el que no quería ver la lluvia. Porque no era como en aquellas tardes de invierno en las que acababa cerrando los ojos, mientras esperaba sentada. Y se había puesto una camiseta de él porque pensó que no se sentiría sola. Terriblemente sola.

Se lo había dicho otras veces. Se sentía sola mientras le esperaba. Pero no le echaba la culpa por aquellas llamadas de última hora en las que se retrasaría un día más. Tenía clientes que atender y aquel trabajo le exigía viajar. Y ella odiaba aquellas cenas interminables con otras parejas. Odiaba cuando interrumpían una divertida velada para reprocharle a él que tenía un trabajo maravilloso. Había ocurrido una noche mientras cenaban con otra pareja amiga. Ella estaba contenta porque saldrían a cenar, a pasarlo bien. Se había puesto un vestido y se había pintado los labios. Antes de salir, él le dijo que era maravillosa. Pero durante la cena tuvieron que sacar el dichoso tema del trabajo. Y él pensó que la quería tanto que se daba cuenta de que se sentía mal mientras hablaba de un tema concreto. Ella jugó con el tenedor mientras el camarero traía más vino, mientras sus amigos le decían a él que tenía un trabajo maravilloso. Cuando regresaron a casa discutieron. Sobre cualquier cosa, porque al final lo importante nunca salía a la luz. Siempre hacían las paces, y le divertía ver como él registraba la despensa cuando llegaban de aquellas cenas en restaurantes de diseño.
Y ella recordó todo eso mientras se tomaba su taza de café. Mientras esperaba sentada frente a la ventana. Y agarró la camiseta que llevaba puesta con la fuerza de un abrazo. Deseaba tanto verle en ese momento que volvió al pensar en el pasado. Pero en aquella ocasión pensó en algo más profundo, como intentando resolver aquella soledad que tanto le dolía. El café le hizo efecto y pensó tan rápido que los recuerdos circulaban como una lluvia de estrellas. Pensó en su padre y la espera. No pudo evitar una lágrima, que resbaló por su mejilla, como detonando el resultado de una vida esperando. Una vida sentada mientras mientras se sumergía en el macabro pensamiento de intentad adivinar cuando llegaría su padre.

4 comentarios:

  1. Esperar y la vida mientras pasa de largo... nadie deberia esperar a nadie, quien desee realmente compartir su tiempo con sus seres amados, siempre encontrará tiempo para olvidarse del mundo y disfrutar como si mas nada existiera...
    Quien no lamente no haber priorizado a quienes ama, no podrá lamentar luego haberse quedado solo...
    Gracias por tu relato Daniel

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  2. me encanta tus relatos, no se mucho de escritura, pero disfruto leer los tuyos

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