De elecciones


A mi es que me da la sensación de que dejamos de lado ideas importantes cuando hablamos. Y no sé si es porque nos hemos dejado de lado a nosotros mismos, o por por pereza. Últimamente he pensado en las elecciones, y en las decisiones. Me gustaría ser tan valiente como para hablaros de las elecciones con total sinceridad. Pero no sé si estoy en ese estado en el que yo tampoco elijo hablar de cosas realmente importantes.

Cuando el futuro


Soñábamos el futuro de jóvenes. Y lo imaginábamos instantáneo, como si fuera un flash, algo que quedaba muy lejos. Y era así, el futuro quedaba tan lejos que no sabíamos nada de él. Y a medida que crecimos lo vimos con otros ojos. Así fue como nosotros, los dos, dos personas que no tenían lazos familiares, aprendimos a añorar el futuro.
Aquel pensamiento de futuro se convirtió en una semilla. Y la regamos con tanta ansiedad que no nos dimos cuenta de que el futuro que se nos iba presentando no tenía nada que ver con el que habíamos soñado alguna vez. Y así fue como un día nos dimos cuenta de que añorábamos el futuro que habíamos soñado.
Pasaron los años y también nos dimos cuenta de que es inevitable añorar. De que es mejor aguantar un poco esa nostalgia que procurar no sentirla. Y que podemos aprender de ella, del ser humano y de sus sueños. Después de todo, esa nostalgia muchas veces sirve de motor. Aunque muchas veces nos obligue a conducir con el mínimo posible de revoluciones.

Lo habían ocultado



Habían mantenido su relación en secreto. Habían marchado a través de un camino que les hubiera llevado a ninguna parte. Quien sabe si estarían allí, en ese mismo instante, mágico, si no le hubieran dado el trabajo. Y lo celebraban mientras pintaban una pared. “El color que tú quieras, vida mía” le había dicho él a ella días antes. Tanto tiempo en un espacio vacío, en una etapa inclasificable de la relación, que ahora no se creían que podrían recorrer un camino juntos. Tenían un hogar.