Cuando el futuro


Soñábamos el futuro de jóvenes. Y lo imaginábamos instantáneo, como si fuera un flash, algo que quedaba muy lejos. Y era así, el futuro quedaba tan lejos que no sabíamos nada de él. Y a medida que crecimos lo vimos con otros ojos. Así fue como nosotros, los dos, dos personas que no tenían lazos familiares, aprendimos a añorar el futuro.
Aquel pensamiento de futuro se convirtió en una semilla. Y la regamos con tanta ansiedad que no nos dimos cuenta de que el futuro que se nos iba presentando no tenía nada que ver con el que habíamos soñado alguna vez. Y así fue como un día nos dimos cuenta de que añorábamos el futuro que habíamos soñado.
Pasaron los años y también nos dimos cuenta de que es inevitable añorar. De que es mejor aguantar un poco esa nostalgia que procurar no sentirla. Y que podemos aprender de ella, del ser humano y de sus sueños. Después de todo, esa nostalgia muchas veces sirve de motor. Aunque muchas veces nos obligue a conducir con el mínimo posible de revoluciones.

8 comentarios:

  1. Cada vez que te leo me gusta más! Me tienes enganchada! Sigue asi

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    1. Muchas gracias. Gracias por acompañarmen y es pero no decepcionarte en el futuro!

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  2. El futuro es incierto,pero no por eso dejamos de soñar,y de revivir lo que dejamos atrás.
    Me ha gustado mucho,gracias:)



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  3. Definitivamente tienes toda la razón pero esto que escribes es lo mas real....
    Magdalena Martínez (Tamaulipas)

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  4. Siempre quedan sueños por cumplir, aunque te hayas dejado alguno atrás, La nostalgia es inevitable. Me gustan tus escritos. Un saludo.

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  5. Suele suceder. Planeamos para el futuro (no se si es correcto o sea acertado)y por "x" o por "y" no se siguen. No se quién lo dijo o quién lo escribió de que todos los días hay que estar reiventándonos.

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