La verdad


Estaban en el punto en el que podían hablar de todo. Las conversaciones en el coche eran eternas, y compartían muchos recuerdos de la infancia. Pero cuando se miraban pensaban siempre en lo mismo. Les venía a la mente,a los dos, como si fuera algo telepático, la sensación de tener que compenetrarse más.
Aquella sensación era el momento cumbre. La verdad estaba ahí y no dejaba que ocurriera cualquier otra cosa. El momento en el que tenían que avanzar los dos en la misma dirección había llegado. Pero irónicamente, la incertidumbre de expresarlo, les había llegado también a los dos al mismo tiempo. Tenían que correr el riesgo porque se estaban impacientando.

Tal vez sucedió por una necesidad absoluta. En el momento en el que el hambre dejaba de tener importancia y las necesidades físicas se veían afectadas. En aquel momento en el que no había diferencia entre la vida real y aquel estado casi onírico. La verdad estaba ahí, les gobernaba a cada segundo que pasaba.

El primer te quiero vino durante una de aquellas eternas conversaciones mientras él conducía. Ella le correspondió y el alivio llegó de manera instantánea. La paz les tranquilizó y se cogieron la mano. El le entregó su mano derecha con delicadeza, mientras sujetaba el volante con la izquierda. Todo había ocurrido tan deprisa que no pensó en parar el coche. La verdad se había ocupado de la incertidumbre. Una verdad tan potente que había cambiado sus vidas, la manera en la que habían vivido en los últimos años. Aquella verdad había borrado los malos recuerdos de sus mentes. Les había convertido en dos personas felices y enamoradas.

Esa era la verdad.

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