No recordaba un mes de Noviembre tan frío



No pudo contener la respiración lo suficiente al abrir la puerta de su armario. El aleteo de una polilla le llevó de vuelta a la realidad. El armario que había compartido estaba vacío, como su corazón. Ya no sentía su calor, sus caricias al amanecer, sus besos justo antes de caer rendidos los dos al terminar un día en común, justo antes de unir sus cuerpos, con el pijama como único obstáculo entre sus pieles ansiosas de calor. Al cerrar la puerta del armario Noviembre le comió. Y el frío pasó a ocupar ese espacio, que antes había sido calor, generado por una energía, por la sinergia de unos espíritus libres, que solo buscaban un destino común. Un hogar donde abrigarse y apartarse del frío.
De pronto todo lo que le rodeaba adquiría otro tono. El amanecer era triste, y el frío estaba siempre presente. No recordaba un mes de Noviembre tan frío. Quizá lo más cerca que había estado de ese frío había sido aquel invierno en el que conoció de primera mano la perdida de un ser querido. No, no había pasado tanto frío en Noviembre desde entonces. Y la casa parecía una parada de metro a las tres de la madrugada.

Incluso en los detalles más íntimos sentía el frío; a la hora de utilizar el cuarto de baño, mientras lavaba platos y vasos. El frío estaba siempre presente, durante los treinta días que duró aquel mes. El frío había adquirido personalidad, y se mostraba acosador, pegadizo. Molesto. 

Al anochecer, volvía a las andadas. Abría una botella, buscando algo en el fondo. Volvía a hacer aquello de lo que ella le había apartado, y se había apartado, por amor. 

Abrió la botella y se sirvió una copa de whisky que supo a gloria. Nunca antes una copa de licor le había calentado tanto como en aquel frío mes de Noviembre. Y siguió bebiendo, sin fin. Bebió mientras escuchaba canciones tristes, melancólicas. Coplas que le ponía su madre cuando era pequeño, y que ya se sabía de memoria. Y así, con ese panorama, pasó un mes que se quedaría de por vida en su retina. Mientras buscaba la compañía fingida de una botella de licor, y una calidad voz que le apartara del frío de Noviembre. 

Amanecía triste, Y comprobaba que pese a utilizar las estrategias más desesperadas, el frio no se marchaba.

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