Postales desde Prescidia 3


Era una familia peculiar. Han entrado, han comprado unas palas para jugar en la playa y se han ido contentos.
Son alemanes. El hijo "pequeño" tendrá unos treinta y tantos, y el que supongo es el mayor; entradas, pendiente y cresta, a saber... El padre de esta familia tan peculiar estaba muy acalorado, sudaba mucho. Ha pagado sin pestañear y el hijo "pequeño" de treinta y tantos, con pantalón pirata y calzoncillos de cuadros que sobresalían, me ha deseado un buen día (hace tiempo que no me desean algo tan bonito). Cuando ha salido le ha dedicado una amable sonrisa a la madre, que esperaba en la puerta, y le ha ofrecido el brazo. Se movía lenta y su mirada reflejaba confusión. Se movía lenta y era mayor. Y esa imagen me ha golpeado en la cabeza con la fuerza de un martillo. Así estoy, que llevo dolorido todo el día...
Todavía hace calor en Prescidia. Ya no se ven albatros pescando, y las playas, vacías, esperan el temporal de invierno.

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