Postales desde Prescidia


Leer postales supone vivir otras vidas. Sentarte a observar como los demás prometen cosas que nunca cumplirán. También hay algo en la escritura que es terapeutico. Tan solo tenemos que sentarnos y escribir en una hoja en blanco, que llenaremos con todas esas cosas que no nos atrevemos ni a pensar. Nos sentaremos en una mesa, o en el suelo, gozando de esa flexibilidad que te concede un ejercicio que puede llegar a ser espiritual. La escritura da libertad, y satisfacción personal.
Pero cuando las palabras van dirigidas a otra persona todo es diferente. No es lo mismo escribir para nosotros que para los demás. Y no es lo mismo hablarles a esas personas que queremos, o admiramos, que mandarles una postal. Existe un universo de posibilidades, de historias, y de finales. Que no siempre son bonitos.

No sabía que había tanta gente fascinada con Prescidia. Sé que muchos escriben desde una mesa que hay a unos metros de la tienda. Se sientan a que les de el sol, que ya es prácticamente de octubre. Y se emocionan contando como les han impactado las playas, el pueblo, la gente. Y se nota que se sienten renovados. Otros, sin embargo, echan de menos a esas personas tan especiales. Y hubiesen dado lo que sea porque esas personas fueran de viaje con ellos. Aun así, lo plasman en una postal.

Cuando leo estas postales me pregunto si estaré equivocado. Porque estoy seguro de que yo también veo ese paisaje que describen con tanta emoción, de que respiro ese mismo aire que ellos y siento en mi piel misma brisa que llega hasta lo más profundo de su corazón. Estoy empezando a sospechar que estaba equivocado en muchas otras cosas. Pero eso me lo dirán otras postales. De momento sigo con la misión de mandar todas aquellas que nunca habrían llegado si no fuera por mi.

No hay comentarios:

Publicar un comentario