Un día


Un día me miré en el espejo y me dije:
Las respuestas adecuadas sobre las preguntas que te haces a ti mismo no están fuera, nadie te las dará. Vive cada día como si fuera el último, porque no sabes si es el último. El futuro no existe, y el pasado tampoco, no te tortures. Pero está bien hacer planes porque tienes sueños, y los sueños sin metas se quedan en sueños. Haz el amor y no la guerra, solo ese sentimiento de amor profundo te dará fuerzas para tolerar el fracaso. Si no sabes en qué consiste el fracaso no podrás saborear nunca tu propio triunfo. El triunfo, el éxito y la felicidad son construcciones mentales, a veces creadas para manipular. Cuida tu cuerpo y los pocos objetos que tengas, lo básico para vivir. Es una tontería centrar tu vida en tener y poseer un objeto material, porque cuando te mueras no te lo llevarás. Las demás personas son humanos como tú, y cuando les odias te estás odiando a ti mismo. Elige estar con la gente y no que ellos decidan cuando tendrás que estar para ellos. Lo que parece más urgente no tiene por qué ser lo más importante. Si te sientan mal los comentarios, cotilleos y demás porquerías que cuentan sobre tí ,les estás dando a esos el poder de manipular tus emociones. Recuerda que no puedes controlar lo malo que te pase, pero sí puedes controlar como te sienta. Sé libre, no te preocupes por lo que no puedes controlar, y ármate de paciencia y fuerza para aguantar lo que te entregue el destino. La verdadera libertad es interna, no es un objeto o una idea, porque corremos el peligro de perder esos objetos y esas ideas impuestas. La verdadera libertad no se pierde nunca. Ten fe en algo, mira el vaso medio lleno siempre. No todo es malo, y si crees que todo es malo es porque creías ciegamente que todo iba a ser bueno. No aparentes algo que no eres, impacta con lo que eres de verdad. Sé tu mismo, pero antes conócete y quiérete mucho, quiérete mucho, quiérete mucho. Quiérete más que nadie.
Y lo más importante: No estas loco, tan solo piensas diferente.

Mi memoria

Mi memoria y yo vamos caminando por el paseo de la vida. A veces intento agarrarle la mano con fuerza, para que se note que no quiero que se vaya. Rastreo recuerdos, y miro fotografías como si buscara algo. A veces cuando escribo sobre mis recuerdos no estoy ni preocupado por la historia que saldrá. Porque permanezco apegado a mi memoria. Lo que escribo forma parte de mi camino.
Eso lo llevo muy dentro, lo sé. Aun recuerdo cuando iba a supermercados con mi novia y rebuscaba entre góndolas de ofertas algunos cds. Eran tiempos felices, al menos así lo recuerdo. Conducíamos y escuchábamos esos discos. No pensábamos tanto en el futuro, en el pasado, o eso creo. Y vivíamos intensamente. Supongo que por eso dicen que a los veinte años somos más felices. Yo me recuerdo muy feliz.
Ahora hablo con amigos y familiares. Los años han llegado para quedarse, y parece que nos cuesta vivir el presente. Las preocupaciones acechan, de un momento a otro puede que nos convirtamos en enemigos de nuestra propia memoria. Y entonces no se que será de nosotros, si lo único que nos ayuda a filtrar, a conmemorar dignamente, y a cuidar de nuestra salud emocional se vuelve en nuestra contra. Después de todo estamos hechos para añorar el pasado, disfrutar del presente y planificar el futuro.
A medida que pasan los años siento que nos complicamos más la vida. Siento que aparecen los bucles, las obsesiones, los sueños sin cumplir. Y solo me consuela visualizarme en un futuro como un escritor viejito, que cada mañana antes de escribir se pone un papel o un libro en el pecho durante unos segundos, y respira hondo. Como si esa muestra de apego fuera el último recurso para no dejar ir aquella actividad que tanta felicidad me ha proporcionado con el paso de los años. Como si necesitara agarrarme a una prueba física de que he estado aquí, en la tierra, entre gente maravillosa. Pienso en eso y se me hace un nudo en la garganta. Pienso que poco a poco nace en mi el miedo a perder la memoria. Y me digo: hoy publicaré sobre esto.