Dos hermanos


Sucedió de verdad. Dos niños alemanes de unos ocho o nueve años han entrado en una tienda de regalos. Uno era rubio, llevaba algo de gomina en el pelo y una camiseta de un equipo de fútbol. El otro, negrito, con una gorra de color azul y una camiseta del mismo equipo. El rubito, que parecía el responsable del dinero, ha colocado un billete de veinte sobre el mostrador para que el dependiente le devolviera dos de diez. Una vez que el dependiente le ha cambiado el billete de veinte por dos de diez le ha dado uno a su hermano o primo y se ha quedado uno para él. He observado como los dos se ayudaban para elegir muñequitos de goma, coches y demás caprichos pasajeros, con los que he supuesto, pasarían la tarde jugando. Cuando le tocó pagar al negrito, le faltaban dos euros y se ha quedado bloqueado porque no sabía qué descartar. Su hermano no ha dudado ni un segundo en poner lo que faltaba sobre el mostrador. Y se han ido tan contentos de la tienda.
Cuando se han marchado no he podido evitar pensar que no habrá montaña, país, muro o Dios que separe a esos dos en el futuro. Y sobre todo he pensando en la distancia, cada vez más evidente, entre el mundo de los niños y los adultos.



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Comentarios

  1. Entrar al mundo que rodea a los nilos se entra a un espiral interminable de aprendizaje. Aprecio este tipo de escritura y la ejerzo, tengo dos maestros de 9 años. Un saludo cordial.

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