Gnomos de biblioteca


Yo descubrí la magia de las bibliotecas mientras hacía la “escapatoria”, termino que venía a significar lo mismo que pellas, novillos o robona. Ya había conocido la biblioteca que había en el colegio, y empezaba a despertar en mi la curiosidad por los libros, sobre todo por los de Alejandro Dumas y Julio Verne.  Pero no sabía nada sobre la magia que se respira en un santuario de libros como el que había en cada pueblo. Con miles de libros y mundos por descubrir.
Creo que nos saltamos la gimnasia y empalmamos con el recreo, y nos dimos una vuelta por el centro del pueblo, hasta que cayó un chaparrón.  Nos resguardamos de la lluvia en el gran portal de la biblioteca local y nos dio por entrar dentro. Recuerdo respirar silencio y respeto por los libros.  Y recuerdo,  tal y como me pasa con la primera película vista en el cine, cual fue el primer libro que me dio por mirar.  Era “Gnomos: Guía de los seres mágicos de España”, era finales de los noventa y no resultaba tan fácil disfrutar de una guía ilustrada como aquella. Al menos para mí y mi bolsillo.
En esta obra, el autor te acercaba, a través de bellas ilustraciones,  a los rincones escondidos de nuestros bosques, barrancos y cuevas donde supuestamente se encontraban todos estos personajes de leyenda, agazapados, esperando la luz el sol. Era mágico y recuerdo con especial cariño este libro, ese día, y esa aventura.
No fue la última expedición, ni la última vez que acaricié el lomo de aquel libro, que a día de hoy me arrepiento de no haber comprado.  En una de ellas mi padre me siguió y me llevó de vuelta a casa.  Y siempre se quedará en el anecdotario familiar aquel momento en el que le dijo a mi madre: “Me he encontrado a tu hijo mirando gnomos en la biblioteca”,  cosa que a día de hoy no deja de contar con mucha gracia.

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