El ostiao


Leo la noticia y me quedo perplejo: Un padre se olvida de su bebé en el coche y cuando regresa está muerto. Me quedo perplejo, y me cuesta mucho asimilar la información. Necesito indagar más, clicar en el enlace “leer mas” del artículo digital. Necesito leerlo para intentar comprender como puede un padre olvidarse de su hija en el coche, y marcharse a trabajar tranquilamente.

Hay un nombre para eso en mi pueblo, para ese despiste. Y es que el hombre está “ostiao”. Es un ostiao porque se ha olvidado de su propia hija, y seguro que mucha gente lo pensará y lo dirá, en algún bar, en alguna casa mientras se merienda: “Hay que estar ostiao pa olvidarse a una hija en el coche”.
Pero yo no puedo dejarlo ahí. No me entra, y no se si me afecta más de la cuenta. Mi hija nacerá en Enero y se llamará Marta también, y yo no puedo olvidar el asunto. De repente, me pongo en el lugar del hombre. Parece que le dio un ataque de ansiedad cuando se enteró del asunto. El se había marchado a su trabajo y justo antes tenía que haber dejado a su hija en la guardería. Pero no lo hizo, dejó el coche aparcado y se montó en el metro y se olvidó a su hija dentro del coche. Y ahí hay mucho más que un ostiao, hay un hombre que no puede con la vida, que está estresado. Que no sabe ni donde vive.
Una psicóloga ha echado la culpa al nivel de vida que tenemos. Al estrés diario, al desgaste cognitivo que estamos teniendo con nuestro día a día. Yo repaso mi vida, y separo. Porque tengo miedo de que en el futuro me pase con mi hija Marta. En el fondo estoy pensando en todo esto y por eso me afecta tanto. Pero lo de la psicóloga no me vale.
No puedo odiar a ese hombre, ni dejar el asunto simplemente en que está “ostiao”. No puedo porque pienso en como se mirará ese hombre al espejo de aquí en adelante. Ni siquiera va a poder pagar por sus actos porque la policía lo ha dejado en libertad, no había ni homicidio involuntario. No puedo dejar de pensar en como le verán sus otros hijos, o su mujer. No habrá nada que le consuele, ni la justicia le quiere castigar y seguramente la familia tampoco. Supongo que en algún momento dejarán de culparle, porque ha sido un error fatal, un despiste de “ostiao” mortal. Algo imperdonable. Algo que puede que le cueste incluso la vida, una vida desgastada pensando continuamente, repasando continuamente cada uno de los movimientos que hizo ese día. Y no puedo culparle, porque cuanto mas me pongo en su lugar más mal me siento. Mi hija nacerá en Enero y no hago más que repasar cada movimiento que haré hasta que ella tenga la autonomía necesaria para salir de un coche y preguntar a alguien donde está su padre. Porque la cruda realidad es que no solamente soy ese hombre, sino que todos somos ese hombre y en algún momento podemos estar así de “ostiaos”.



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