En realidad las salas de cine nunca morirán



En octubre de 2009, hace casi diez años, un montón de gente relacionada con empresas de Internet, periodistas y especialistas en medios de comunicación, se reunieron con la entonces ministra de cultura González-Sinde para intentar demostrarle que una ley que quería acabar con las descargas ilegales, y que estaban apunto de aprobar, coartarían la libertad de expresión. 
En aquella época yo escribía crítica cinematográfica en algunas webs especializadas y observaba , con cierta incredulidad, como muchos personajes de la industria cinematográfica intervenían en aquellos debates tan profundos, que plantaban cuestiones y sometían a la opinión popular a un dilema entre salvar la propiedad privada o intelectual y los derechos de autor o guardar la libertad de expresión, sobre todo en internet. 
La cruzada en realidad llegaba contra las webs llamadas de descarga ilegal, esas a las que siempre había accedido todo el mundo desde que se dieron cuenta de que resultaba más fácil que almacenar cds comprados en el top manta. Lo que quizá todos estos señores no sabían es que, en realidad, desde otras esferas, se debatía si el cine iba a morir. Algunos directores de cine, menos volcados en la vertiente política ,hablaban sobre si llegaría el punto en el que al no acudir al cine y solo descargarnos cine las productoras no apostarían por ninguna película y el cine pasaría a desaparecer. 
Las salas de cine peligraban. Otros presentaban un escenario apocalíptico y predecían, que en un futuro no muy lejano, la gente no acudiría a las salas de cine, cerrarían todas. Los más optimistas a nivel tecnológico, fanáticos de los electrodomésticos, auguraban un futuro no muy lejano en el que tendríamos en nuestras viviendas todo lo necesario para disfrutar de las comodidades del cine en casa. Las películas se estrenarían directamente en nuestro domicilio. 
Han pasado casi diez años y no ha ocurrido nada de lo que esta gente predijo. Y realmente, nos movemos en un limbo en el que no existen videoclubs. Ahora mismo tienes solamente la opción de ver una película en el cine , sin la posibilidad de visionarla después, porque mucha de la oferta que se estrena no se puede disfrutar meses después en las llamadas plataformas de alquiler digital, y si se estrenan… pss , a que precios.
Ya no existen esos pequeños santuarios en los que había cientos de películas, y podías entretenerte leyendo la sinopsis por detrás de la carcasa. Ya no se pueden palpar las caratulas. Ya no se puede elegir entre cientos, miles de películas. Eso sí, el porno es más fácil de ver, ya no te cruzas con esos señores retraídos que intentan pasar desapercibidos o hacer como que no miran la estantería del porno. 
 Pero hay algo que no llegaron a decir todos aquellos que predecían un apocalipsis. Nunca escuché a ninguno hablar sobre las virtudes de una sala de cine, sobre la magia que se respira en un estreno. Sí, es algo a lo que todos los cinéfilos nos hemos enganchado desde pequeños. Y a lo que cualquiera puede acceder, se trata de vivir el cine. Hablo de esos momentos en los que , durante el transcurso de una escena de acción, uno se gira a un lado y ve a una señora mayor pegando puñetazos en el aire. Hablo de momentos en los que estalla una carcajada generalizada, contagiosa, con una buena comedia. Hablo de esos momentos sensibles, emotivos, que te encojen el corazón, y que hacen que cuando te giras para coger un pañuelo de papel para secarte las lagrimas te das cuenta, de que hay media sala de cine llorando, disfrutando de esa momento, en la intimidad que ofrece una sala oscura, en unos sillones cómodos, y con una pantalla del tamaño que no cabría en ningún domicilio. Hablo de esos momentos en los que te planteas no volver a pisar una sala de cine porque un maleducado no para de hablar durante todo el metraje. Hablo de eso porque son momentos de encuentro con humanos, en sociedad, en comunidad. Y eso es lo que nos hace especiales, y por eso nunca dejarán de existir las salas de cine.



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Comentarios

  1. Aunque no hayan desaparecido, sí se ha reducido mucho su número y han desaparecido las de más solera. Baste pasear por la Gran Vía madrileña, o entrar en los pequeños cenyros comerciales de barrio donde antes había minicines para percibir el cambio. Por el contrario, cada vez hay más salas "de autor".
    Por ello creo que parte del declive no ha venido de la competencia de internet, sino de los elevados costes tecnológicos (más o menos cada 5 años ha cambiado la tecnología de proyección), el precio de la electricidad y la bajada de poder adquisitivo.

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    1. Hola,
      Ante todo, muchas gracias por pasarte a leer mi blog, y mucho más por comentar. La verdad es que tienes razón en tu analisis. También es ciero que el post está en la linea de lo nostálgico que suelo escribir, como reivindicando un pasado mejor, que en realidad nunca existió. Es lo que tiene mirar las cosas con el filtro de la nostalgia.

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