Fuego enemigo


Para meternos en contexto nos situaremos en 1944, en plena contienda mundial. Concretamente el 24 de Diciembre de ese año, en mitad del bosque de Hurtgen (Bélgica). El 16 de Diciembre Hitler había cumplido su objetivo en la zona. 2.000 cañones iniciaron un bombardeo de hora y media sobre 130 kilómetros de la línea norteamericana de las Ardenas. Después de ese despliegue desesperado y tan explosivo, 250.000 soldados y decenas de blindados iniciaron un despiadado asalto en masa sobre los sorprendidos aliados, que en ningún momento habían barajado una ofensiva de esa magnitud.
El ataque duró varios días. Y tuvo como resultado una masacre que redujo al máximo la defensa en la zona. Los nazis, que habían tenido en todo momento una ventaja numérica de tres a uno, aprovecharon para avanzar y acabar a base de fusil y ametralladora con los aliados. Durante aquellos días muchos soldados del bando aliado tuvieron que separarse de sus unidades debido a los ataques.
Entre la nieve y el frío de aquel 24 de Diciembre, dos soldados aliados llegaron a una casa que se encontraba en medio del bosque. Los dos estaban heridos y llamaron a la puerta para pedir ayuda. La puerta de la casa la abrió una amable mujer que se ofreció a curar sus heridas. Además, les invito a pasar la noche y compartir la cena de Navidad.
Justo cuando los americanos se disponían a saborear el delicioso asado que la anfitriona había preparado, llamaron a la puerta. Se dieron cuenta de que el destino les había jugado una mala pasada cuando vieron entrar a un oficial alemán acompañado de tres soldados. El oficial preguntó si había algún enemigo del Fuhrer dentro, a lo que la anfitriona no tuvo reparo en responder: Americanos. Los alemanes empuñaron sus armas y en ese momento la señora dijo con calma: Vosotros podríais ser mis hijos, y los que están aquí dentro también. Están heridos, cansados y hambrientos, así que entrar pero esta noche nadie matará.
Al principio los alemanes no supieron como actuar, pero segundos después pidieron permiso para pasar y se fueron sentando a la mesa junto a sus “enemigos”. Poco a poco, seguramente, entre vino y vino, los soldados dejaron la contienda mundial de lado, y la velada se convirtió en una cena de navidad casi familiar. Se dice que incluso llegaron a cantar canciones navideñas. Los americanos les enseñaron sus villancicos más tradicionales y los otros enseñaron fotos de los familiares que les esperaban en sus casas, y que en ese momento estarían celebrando la cena de navidad. La cosa no quedó ahí. Y es que la cena de Navidad resulto tan fructífera que al amanecer los soldados alemanes indicaron a los americanos como llegar hasta sus propias líneas.
Estoy seguro de que en estos días en los que se avecina el encuentro familiar surgirán chistes relacionados con esas pequeñas tensiones de la cena. Nos vemos obligados a compartir mesa con aquellos familiares que no vemos apenas, con los que no coincidimos en nuestra manera de pensar. Algunas familias imponen como norma no hablar de política, casi como aquella señora que medió entre soldados alemanes y americanos durante la famosa cena. Pero siempre se escarpará algún disparo , los comentarios a los veganos sonarán como el silbido de una bala en campo enemigo a la hora de trinchar el pavo. Y algunos creyentes se sentirán un poco ofendidos con aquellos que solo predican con el ejemplo durante una noche. Este año el intruso político llega por navidad, y será difícil evitar comentarios sobre el partido con nombre de diccionario, el que parece innombrable. Ya no habrá chistes sobre cuñados que votan a ciudadanos, o hippies que votan a Podemos. Ahora todo suena mucho más alarmista y radical.
Pero entre todo ese revuelo yo me quedo con la misma sensación de siempre. En este país de golpes en el pecho y puñetazos en la mesa parece que no llegamos a mucho más. Estoy seguro de que las charlas entre opuestos en las cenas de navidad se apaciguarán entre copa y copa. La gente acabará rememorando aquellas anécdotas familiares, explicándole al cuñado nuevo todas aquellas cosas que su pareja hacía de pequeña. Y le darán con educación las patatas asadas al vegano. Dejaremos de lado los egos, las rencillas, aunque sea durante el transcurso de una cena. Lo haremos porque somos nosotros, los seres humanos, los que hemos inventado la navidad.

Comentarios

  1. Hola Daniel, gracias por enviarme siempre tus escritos. Este en particular está basado en un hecho real, y tus reflexiones tienen bastante acierto. La política y las ciencias políticas también han sido inventadas por los humanos de la civilización occidental; sin embargo, yo también siento un mundo politizado. Aquí en Venezuela es la barbarie total. Existen familias que pueden enemistarse por tener diferentes perspectivas de un mismo asunto y, al final, los políticos felices robándose el dinero de tus impuestos y, en nuestro caso, de la renta petrolera... imprimiendo dinero a tontas y locas, acabando con el ecosistema y cerrando las posibilidades al intercambio cultural que tanta falta nos hace. Aún este medio podemos utilizar para repensar nuestra posición dentro de los entornos donde estamos circunscritos. Me gusta la idea de dejar los egos de lado, la sencillez del asado de una anciana en una contienda (suena como un clásico), y la mención de los veganos como evidencia de otra realidad interesante que bien vale la pena respetar y consentir. Gracias por compartir.

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