Buscando paisajes


No sé si la foto está torcida o soy yo el que lo está. Dejaré ese asunto en el aire, a gusto del que mejor me conozca.
Y es difícil encontrar gente que te llegue a conocer de verdad cuando tú en realidad no has conseguido ni acercarte a ti mismo, un poquito nada más.
Por eso ando últimamente buscando paisajes de los 90, como este, entre esas ventanas azules descubrí la amistad. Se me escucha decir mucho "aquí antes todo era campo" y cosas así. Buscando CDs de Calamaro en cajas medio rotas, cuentos que me mandaron en la Eso, videojuegos de cartucho, y marcas de comida que probé por primera vez. Y parece que me alivio, me acerco un poco más a eso que está ahí, que permanece desde hace tiempo molestándome, como si fuera una espina. Como si en realidad fuera un pequeño ser triste y nostálgico, depresivo, que habita dentro de mí. No sé qué haré con él cuando me mire a los ojos. Quizá le diga: te andaba buscando desde hacia tiempo, invítame a algo y nos contamos la vida.
Ventanas azules y campo. Ahora solo quiero escuchar la radio y vivir sin miedo; cosas sencillas, de las de andar por casa. Necesito esos paisajes que me reconfortan, que me alivian. La música que me alegró. Necesito recordar que en algún momento no importaba el miedo. Que escribía sin miedo hasta que se me caían los párpados. Que hablaba sin miedo.

Salir del fango


Yo al final no creo que tenga que salir de nada. Mas bien he dejado entrar dentro de mi cosas que no deberían estar ahí.
Las he dejado entrar por miedo a enfrentarlas. Por temor a perder. Por no saber muy bien si lo que iba a dejar entrar valía más que lo que iba a perder.
Y al final eso me ha comido por dentro. No es que tenga un alien ni mucho menos. Sino que se que hay alguien que está raspandome por dentro, desgastandome y agrandando mi herida . La que esa misma cosa hizo antes de entrar.
Bueno, no es tan fácil salir del fango. No ocurre de una manera mágica. Eso creía yo, así lo describían en las películas. Para salir del fango hay que tener fuerzas y valor. Mucho valor. Y claro conocerte y quitarse el orgullo de encima. Y darte cuenta de que al final has vivido toda la vida como un cobarde. Y no sé si llegaré a ese punto en el que podré decidir vivir como un valiente.

Troya ardió por tí


Te escribo esta carta para decirte algo importante. Me gustaría que supieras que Troya ardió por tí.
Se que ahora no lo puedes entender. Eres pequeña, frágil. Sabes muy poco, aunque pronto me enseñarás muchas cosas. Por eso he ido marcando este decreto, para que quede plasmado en algún lugar, aunque sea el espacio infinito.
Troya ardió por tí. Lo sabe ya mi mundo. Lo sabe mi Dios, el que nos unió de por vida. Lo saben todos, aunque algunos no lo reconozcan.
Por eso te pido ayuda. Para que me salves, tú qué has llegado para someterme con la fuerza de tu espíritu. No entiendes nada y ya te estoy pidiendo ayuda. Que ironía .
Pero entenderás. Y encontrarás tu propia ciudad en llamas, tus paraísos, tus quimeras. Ahora no entiendes de eso.
Eres pequeña.
Sálvame. Tráeme de vuelta al sendero que marcaron tus pies pequeños y frágiles.