Asesinato de Juan Páez

Me lo estoy pasando bien leyendo el libro de mi amigo Fran Chaparro. Se llama El Mártir y a través de una prosa sencilla pero certera, nos sumerge en la historia del asesinato del niño llamado Juan Páez, allá por 1708.
A través de la mirada del fraile Bartolomé Villanueva recorreremos las calles de una Cádiz del XVIII oscura, no solamente por la temática de la historia, sino por esa habilidad que tiene Chaparro para describir a la antigua usanza, como lo harían aquellos magos de las palabras, autores como Edgar Allan Poe o Henry James, que sabían contar historias y ambientarlas de una manera que solo pueden hacer los maestros.
Cuando leo a Chaparro recuerdo todos aquellos libros que me hicieron amar la literatura y soñar con la posibilidad de contar historias. El asesinato de un niño de cinco años es lo suficientemente importante como para trazar una buena trama. Chaparro ha aprendido bien y lo aplica con soltura, tal y como hacían todos aquellos maestros que creaban Best sellers sin saberlo. O como ya hizo Umberto Eco al combinar trama historico-religiosa con investigación. No hace falta sorprender con florituras cuando se sabe lo que se está contando. Pero hay que esforzarse por describir la motivación y la acción de los personajes. Y la poesía de la narrativa sale sola.
Ahí está el secreto del prestigio. Y quizá Chaparro, con la necesidad que le han creado un conjunto de buenas lecturas, y haciendo uso del ingenio, ha conseguido crear un best Seller. Aunque aún no lo sepan los lectores que se lo están perdiendo.




Daniel Lanza

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